Fuera roble o platelminto inmune a la extorsión y a la fabulación

que es la vida, un baile entre el éxtasis y el infarto, del alma el telón,

que se desprende como la máscara del genio empapada de ginebra

y aún suspira por una hebra de la leche materna.

De sombras está hecha la urdimbre del atalaje de la muerte

en el ateneo de la vigilia que anuncia el velatorio,

de cuyos trazos en aguafuerte solo el moriente es consciente.

Aromas, sones, sabores, colores y otras esquinas de la infancia

cuando cándido era real en las orillas de la inmensidad,

cuando aún podía retozar en los pajares de la insignificancia.

Murmullo de galenos y allegados, a lo suyo, a lo lejos,

que imagino debo ser yo, que ya no estoy con ellos, y con sigilo

muero conmigo en un ocaso oceánico salpicado de reflejos.

Para mí el quiquiriquí; para vosotros, el quirieleisón,

y los números hechos de las cuentas por cobrar, que alguna habrá.

Otrosí os dejo, por si os place escuchar, las sinfonía de mis alegrías,

teñidas de cariño sin condición, que son vuestras: edredón y biberón.

Llegado al estuario de la insolencia que me fue otorgada, paréceme

aún más divina la licencia de no rendir la esencia a la desinencia.