Extenuados de dar pedales en el aire rememorando lo que fue pulso y jadeo,
avenidos con toda suerte de patraña, bagatela, aberración y gatuperio,
pávidos espectros que anhelan fundirse en el tumulto de mártires postizos,
desayunados todos con agravios usurpados entre las lápidas del cementerio.
Un mendrugo y un huevo duro fueran manjar para el deleite
del centinela sin mañana, en su noche ciertamente oscura,
apostado en el risco del sosiego que procuraba silencio entonces.
Con el Tiempo en suspenso y, en conserva, el vil metal de la amargura,
antes de que llegara primero, el ocio; luego, la industria;
Y amarrados a sus tobillos, el mercadeo, el tedio opulento y un piélago de basura.
Agora son los días lastimera cacofonía en el locutorio de mentecatos
entre cableado y enchufes varios que imponen a la razón grillo de censura,
cebo del recelo, la zozobra y el desaliento que prenderá la mecha del desacato.
¡Gran ocasión para la soledad activa que provea feraz reencuentro
con tu fiel espejo en los borrones aún vivos sobre papel verjurado
de la pluma indecisa bajo las sombras de la candela inconstante
que habrá de revelarte de tu sustancia, el hipocentro!
Despabilada el ánima, enderazado el sesgo, desprendida la costra,
cabe ya el paseo clandestino en pos de otras soledades de adamante.