Y a la Razón, ya descabalgada y maltrecha,

desatadas sus coyunturas en las zahúrdas de esta verbena infernal,

le entró gran risa al punto y hora de su asfixia

al caer en cuentas de que hubiera bastado con leer en espiral a juvenal.

Una vida evaporada en cosechar un ajuar, un hígado vacilante,

un bocio de rumiante, de pólizas de seguro, un almanaque.

so condena malabar a conservar y acrecer constante sin atenuante.

La caridad nunca empieza por uno mismo, ni es su objeto el excedente inerte,

sino el sudor de la frente, las manos encallecidas de bregar contracorriente,

las entrañas obcecadas en mudar convulso alarido en sonrisa anuente.

Rostro aciago suele gastar el que mucho tiene y nada da por nada,

pues mucho teme (y no trae en ello dislate) el día en que la ira se desate

en viéndose agonizante y parando en que hubo su vida pignorada.

Gran servidumbre es la fortuna según el cordobés asmático

que enterró a Calígula, y al tanto, también a Mesalina.

Sabíalo por escuela propia, sobremanera próspero mientras gobernó

a Burro montado y no encendió la ira pupilar de la hiel de Agripina.

Inmólose por vía venal, arterial, pócima griega, vapor letal, patrimonial,

y muerto al fin, su hacienda fue gaje de perdición del chirle vate imperial.