Modelar el tiento lleva tiempo y no es labor menuda, julepe intenso.
Oponerse es a la propia y natural deriva que nos inclina a no tragar saliva.
Descubrirse uno antes en sus taras que en sus ventajas.
Enhebrarse en la paciencia que, libre de cargas, la mirada recta sustenta.
Sacudirse el polvo cada mañana uno mismo, sin dejar ladrar al interventor.
Tributarse un saludo ante el espejo antes de que te despeine la jornada.
Inhibirse de pendencias mosquito, de portarse de tusonas y comadres redentor.
Abrazarse sin demora contra el viento del vilipendio y el descontento.
Mecerse somnoliento frente al encomio y la monserga.
Embargarse la lengua y expropiarse el tímpano ante el alarde del opulento.
Felicitarse por ser nacido sin malos hígados y con principios escuetos.
Armarse de afecto para conllevar las tachas y herrumbres de la edad.
Licenciarse en no medrar, aún menos velar, en ajenos entierros y vericuetos.
Tolerarse el resbalón, en especial, cuando esté presente de alcahuetas el orfeón.
Apartarse de la bullanga pajarera y paladear una ración de soledad.
Mesarse las crines por la fascinación pueril que despierta el camaleón.
Unimismarse sin condecoración en la solapa por enfermedad.
Chapotear con alborozo en el mar embutido en un neumático de tractor.
Agraciado y veraz por no haber sido un personaje en busca de autor.