Verecundia_XVIIA_Son

Son legión los que sospechan que no están en el mundo ni apenas son

sin el aderezo de una identidad fingida; mentira con alma, fábula con voz,

aun cuando de cotorra, la entonación; muchachos de la doctrina y el tarot,

pero casi puertas, o todo lo más, grey perruna ante el pontífice de ocasión.

Gran diversidad, empero, de escarapelas y escapularios en el discípulado:

pescuezos trémulos, ingenuos fatales, oportunistas de garrafón, ilusos contumaces,

son los ingredientes del cóctel de soberbia que ávido trasiega el trápala venerado.

Mientras el desguace deglute el matute y bebe el azote del parraplas,

en la trastienda, aguarda impaciente, su Talcibio particular,

para quitarle de golpe el fervor de minarete, en misión consular.

El paladín, que primero da papilla al vulgo para que escupa al cielo luego,

resulta otro bardaje más, de oscuro señor, esclavo vernacular,

yegua magnesia del colegio buscón que al primer embate no dudó en capitular.

Son las heces del mundo y desecho de la tierra los que nos gobiernan.

Hombres nacidos de un guisado en una taberna sin linterna.

Engrillados nos tienen a la corriente alterna, el artefacto nefando,

y las declaraciones de Hacienda, flojos de piernas y de seso blando.

¡Estupefaciente sistema! ¡Acompaña a la gente de raya, chapa y pintura,

si aspiras algún día a revivir, aunque fuere en sueños, la verdad!