La paz, en su complaciente gangrena, vivero de los que beben en charco,

donde rigen Disparate y Desafuero, fermento de necios

de engreído ademán y almas calzadas del revés,

se sabe, en sazón, paréntesis y presa fácil de botarates y murcigleros.

Averiado sin remedio el juicio y sancionado delito el sentimiento

por los maulas de aluvión, ignorantes a raudales que son,

Azóranse sandez, emoción y barbarie en la cátedra del adocenamiento.

Mientras no acontezca empacho del hedor de los grandes supuestos,

el noble, agazapado en sus libros y sonatas, no asirá la maza del destino,

afincado en el silencio y la quietud del monje de coraza y yelmo.

Del alivio del armisticio al marasmo corrosivo en loor de cretinos

solo media el tiempo necesario para sentir la añoranza de la sangre

en esta fábrica de sed para chinches, en este infecto casino.

La epopeya del delirio y sus voraces larvas anuncian ya el gran tiberio

que habrá de sepultar el rosario de tropos y mantras baldíos,

pilares de la ilusión canónica de progreso que firma la náusea,

quién sabe si ya en sus estertores tardíos.

¡No cedas a la extorsión de tu espíritu joven a cambio de un chato de vino!

¡No hagas mesa franca a los grajos en el establo del género bovino!