A urracas y hienas pesáronles las almas al trasluz de un pluma de avestruz.
Aferradas al lastre y al mugor acumulado en el desván
que fuera su vida, obra y gran temor amueblar sin resquicio ni provecho,
la mejor leña que viera el DAnte en su descenso circular.
Al petulante cicatero le sobran moléculas y guarnición de resquemor,
pretor es de su colección de ciervos disecados, naturaleza muerta,
alguacil y reo avinagrado de su abigarrado bodegón.
Pierde el seso por alquilar una ración de cosquilla original,
y llegado al punto, devora la pieza entera con la avidez de un roedor,
pues no hay dispendio que no avive la llama de su instinto criminal.
Complejo perenne de jayán burlado, preso del morbo acreedor,
abrazado a sus rancios títulos y escrituras en suntuosa conejera,
apura sus días espantando las moscas que revolotean, impacientes, alrededor.
propiedad garantiza epitafio redactado por díptero notario.
No cabe venturanza para el amo de la hacienda cuando
no hubiere servido a otros muchos de sustento, disfrute, consuelo o suerte,
en siendo ya la ambición de Narciso Craso polvo de columbario.
Un imperio cinerario es, desde un principio, aquel que se levanta
sin virtud, desapego y una vena, siquiera, de hidalgo de La Mancha.