Si te dicen que a cuentas viejas, barajas nuevas, desconfía
como de los que se hacen lenguas trile de martirio y pureza,
Jeremías cósmicos, reclamando unánime aplauso hasta rayar el eccema.
panzas al trote que otrora terminaran paseando por la tabla o pasando crujía.
En el baile de las tropelías, desde el púlpito que alimenta la intriga,
se lanza el órdago a la mayor: ríos de leche y tejedas de buñuelos,
unicornios del pacífico atolón y propiedades esotéricas de la ortiga.
No obsta ser plebeyo no ser un lila todo el tiempo,
que de la siembra del embuste brota el desasosiego que corroe el crédito,
ronzal que arrastra a la zozobra y del orgullo maltrecho al tormento.
Momento de extender la mano a otro cautivo presente o pretérito,
perfecto o pluscuamperfecto, nunca al celador condescendiente,
y sentarse paciente en la silla cual confundido penitente sin alegar mérito.
Ante ti, una asamblea de sabios de germanía que fueron chatarra,
sin orden de prelación, concierto o galón; sin ánimo de persuadir,
y el relato abrasador, vivo y cierto de una chicharra,
ayuna de florituras y aspavientos, te devolverá tu ser y tu entendimiento.
Cuanto más sabio, menor el interés y el apego del inopinado maestro,
consciente de que está solo en tu firme albedrío dejar de ser un cabestro.